sábado, 18 de marzo de 2017

Jorge Dubatti publica en Revista Acción sobre La Visita de los Cuerpos

La visita de los cuerpos, del dramaturgo Santiago J. Alonso, tiene como punto de partida una extraña familia con una historia policial de crimen e incesto pero, como explica su autor, la historia va transformándose en «algo onírico y poético» y encierra una finalidad perturbadora y trascendente. Subtitulada «parodia de una parodia», esta obra se caracteriza por la búsqueda de una estructura original a partir de la experimentación y la innovación dramática. Tiene como tema principal la representación en sí misma y juega con el teatro dentro del teatro, los límites imprecisos entre la realidad y la ficción. Si todo el orbe social se ha teatralizado, entonces se hace difícil separar el teatro de la vida. Según el equipo, bajo la dirección de Claudio Gatell, La visita de los cuerpos «busca hacernos reflexionar sobre cuál es nuestra verdadera identidad, aquella que escondemos detrás de las múltiples máscaras que nos colocamos para habitar en la sociedad humana». Humor negro, cruce de tragedia y comedia, lirismo y grotesco, definen el tono de esta pieza. Escritor, artista plástico e investigador, Santiago J. Alonso integra el Espacio Juan L. Ortiz del Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini. Componen el elenco Ricardo Carranza, Yasmina Cura, Mariano Bassi y Eva Panaro. Además de la dirección, Gatell tiene a su cargo la adaptación, la iluminación y la puesta en escena de la pieza. La fotografía es de Daniela Bedoya. (Sala Osvaldo Pugliese del CCC)
Jorge Dubatti

viernes, 17 de marzo de 2017

Opinión de Rodolfo Alonso sobre el estreno de La visita de los cuerpos en el Centro Cultural de la Cooperación:

La visita de los cuerpos” me conmueve por su sutil humanismo trágico  y por su no menos sutil humor negro. De pronto, sentí que se corporizaban algunas intuiciones previas. Frente a la anomia cultural producida por la banalidad globalizada y la marejada digital, nuestro teatro renace (acaso inconscientemente) por donde empezó a ser lo que era: nacional y moderno, nuestro y cosmopolita. En este texto y en esta puesta en escena siento resurgir dignamente mucho del expresionismo y el grotesco, del teatro de la crueldad y el circo criollo, del cine mudo chaplinesco y el sainete. Como debe ser, y especialmente en ese aire, “La visita de los cuerpos” es una legítima experiencia, la evidencia de una pasión que recupera lo mejor del humanismo, esa verdad solo aparentemente perdida: la condición humana, nuestra propia condición. Por todo eso, y por la llamativa calidad de todos sus protagonistas (autor, director, actores, iluminación, música, escenografía, vestuario) hace bien verla. Realmente.